Imagínese esta escena del futuro: usted está mirando a una pantalla parpadeante con miles de puntitos, entre los cuales los científicos han escondido uno o dos patrones diferentes. Al cabo de un rato usted distingue uno de ellos, pero no hace falta que lo diga en voz alta. Los científicos ya lo saben.Los investigadores están estudiando los impulsos eléctricos de una de los miles de millones de células de su cerebro. Cuando la célula se activa, usted ve una figura; cuando no, ve otra. Su percepción puede estudiarse desde una sola neurona.
Ahora, en un alarde todavía más inquietante, esos científicos enviarán una corriente eléctrica a las neuronas en esa parte de su cerebro, y con sólo pulsar un botón conseguirán que usted vea una imagen u otra. Estas maravillas no son ninguna fantasía. El neurocientífico William Newsome, de la Universidad de Stanford, ya las ha logrado utilizando monos; a pesar de ello, pocos científicos dudan que el truco también funcionaría con nosotros.
Esto no es sino una muestra de lo mucho que hemos aprendido sobre el funcionamiento del cerebro en los últimos diez años. Ahora podemos ubicar cada faceta de la mente humana —desde las imágenes mentales hasta el sentido de la moralidad, desde los recuerdos corrientes hasta las genialidades— en lugares concretos del cerebro.
Usando la resonancia magnética funcional (FMRI, según sus siglas en inglés), una nueva técnica de imágenes capaz de medir el flujo sanguíneo, los científicos pueden establecer si la persona está creando una imagen mental de un rostro o de un lugar. Pueden eliminar un gen de un ratón y hacerlo incapaz de aprender, o mejorar su aprendizaje insertando más copias de ese mismo gen. En el cerebro pueden ver las encogidas arrugas que permiten a un asesino matar sin sentido de culpa, o los extendidos pliegues que le permitieron a Albert Einstein deducir los secretos del Universo.
¿Hasta dónde llegará esta revolución científica? ¿Conseguiremos entender el cerebro de la misma manera como entendemos el riñón o el corazón? ¿Existirán los medios para que científicos o dictadores lunáticos controlen nuestros pensamientos? ¿Podrán los neurólogos escanear nuestros cerebros, duplicarlos en un microprocesador de silicio y conservar nuestra mente para siempre?
No se sabe. El cerebro humano es el objeto más complejo del universo conocido, con miles de millones de neuronas comunicándose entre sí mediante billones de sinapsis. Comparado con cualquier otro problema científico, esto parece un juego de niños. La neurociencia cognitiva está poniendo una tecnología tan impresionante a disposición de tantos científicos brillantes, que sería una necedad afirmar que nunca entenderemos cómo el cerebro da origen a la mente. Pero el problema es tan difícil que sería igual de absurdo pronosticar que lo lograremos.
Uno de los problemas es que todavía no sabemos cómo el cerebro representa el contenido de nuestros pensamientos y emociones. Sí sabemos dónde tienen lugar los celos, o las imágenes visuales, o las palabras que pronunciamos, pero "dónde" y "cómo" son cuestiones muy distintas. No sabemos cómo el cerebro mantiene las conexiones lógicas entre las ideas que le permiten distinguir entre la imagen de una persona guiñando un ojo para ajustarse una lente de contacto y otra que lo hace para coquetear.
Otro problema es comprender cómo el mero flujo de iones y sustancias químicas puede crear la vívida experiencia subjetiva —en primera persona y en presente— de colores, sonidos, picazones y descubrimientos que componen el yo, o el alma. No hay duda de que la actividad fisiológica cerebral es la causa de la experiencia, porque los pensamientos y sentimientos pueden iniciarse, detenerse o alterarse mediante impulsos eléctricos y sustancias químicas. Tampoco tengo ninguna duda de que resolveremos el misterio de la conciencia, esto es, que podremos establecer cuáles son las actividades del cerebro que se correlacionan con la experiencia de lo vivido.
Pero el tipo de actividad cerebral que sentimos como algo propio —o más exactamente, que nos define como individuos— es otra cuestión, y los científicos no se ponen de acuerdo sobre cómo responder a esta pregunta. Algunos dicen que la experiencia subjetiva no es observable y, por lo tanto, no se puede estudiar científicamente.
Otros, en cambio, sostienen que cuando podamos distinguir los procesos cerebrales conscientes de los inconscientes y demostrar cómo interactúan para causar el comportamiento, no quedará nada por explicar.
Y un tercer grupo cree que este tipo de ciencia, conocida como "sentiencia", es todavía un misterio, pero esperan que algún día nacerá un genio capaz de explicárnosla. Si usted piensa que la respuesta es obvia, está preparado para el triunfo final del la neurociencia del futuro. El escáner de sinapsis ha sido perfeccionado, y el cerebro se puede conservar eternamente mediante una copia en un chip.
Desgraciadamente el escáner destruye el tejido que explora, por lo cual habrá de escoger entre su viejo cerebro y el nuevo. Su flamante cerebro reaccionará y se comportará tal como lo hace usted, pero ¿será usted? Si responde afirmativamente, ¿está usted dispuesto a entrar en el escáner?
Steven Pinker es profesor de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en el Instituto Tecnológico de Massachusetts y el autor de How the Mind Works (El funcionamiento de la mente) y Words and Rules (Palabras y reglas).










